Por María Magdalena Ziegler

@ZiZiChan

Profesora de la Universidad Metropolitana (Caracas)

Si usted es profesor universitario y padece cada día la apatía inmensa del estudiantado, no busque más la respuesta a tal situación, porque podría estar al alcance de sus dedos. El mundo cambió y, con él, los estudiantes, pero los profesores –al parecer- se quedaron en aquello que llaman antigüedad clásica. La renovación del profesorado universitario es una condición indispensable para la universidad que se perfila en el modelo educativo que dibuja el Informe Delors (UNESCO, 1988).

Un reconocido profesor de Cálculo –por ejemplo-, con 30 años de experiencia en aulas, con abundantes publicaciones académicas, puede llegar a tener un porcentaje cercano al 70% de aplazados cada lapso. Si esa cifra le sorprende, debe usted saber, querido lector, que este profesor en cuestión se ufanará de tales resultados, pues –en su visión- esto significa que estaría haciendo muy bien su exigente labor. A todas luces, hay una pieza que no calza muy bien aquí.

El estudiante de ese profesor hipotético, no va a clase. No le interesa, por ejemplo, ver al profesor pavonearse ante la pizarra con ejercicios que se resuelven sin mayores explicaciones y que, luego, no tendrán mayor relación con aquellos incluidos en un próximo examen. Tan sólo en YouTube ese estudiante consigue cientos de clases a las que puede acceder cuando quiera, desde dónde quiera, cuantas veces lo desee. ¿Para qué entonces ir a clases? Hace unos años, habría tenido necesariamente que sentarse en su pupitre y escuchar las explicaciones del profesor. Hoy no es necesario, pero su profesor no lo entiende y adjudica el mal desempeño del estudiante a sus ausencias en el aula.

YouTube, iTunes University, Coursera, Miriadax, Teachlr son algunas de las muchas fuentes desde las cuales los estudiantes de prácticamente cualquier área pueden encontrar recursos que hasta hace poco tan sólo un profesor en el aula de clases podía brindarle. La rutina de “ir a clases” tiene hoy una connotación muy distinta a la que tenía hace 10 ó 20 años atrás. Los profesores universitarios están en el deber de comprender que ya no son la fuente exclusiva de conocimiento para sus estudiantes y que estos les necesitan cada vez menos. Sin embargo, estos profesores siguen evaluando a sus estudiantes con los mismos métodos que implicaban esta posición privilegiada del docente. La evaluación continúa centrada en la acción del profesor.

Lo anterior es la clave para comprender por qué el 70% de los estudiantes de aquel curso del profesor de Cálculo termina reprobando la asignatura. Mientras no se comprenda que la educación debe tener al estudiante como centro, el cual, dicho sea de paso, no necesita del profesor para la explicación sobre derivación de funciones de variable real, esos serán los resultados. Desde el Informe Delors, el mensaje para los centros educativos (de todo nivel) ha sido impulsar la formación centrada en el estudiante, colaborativa e interactiva que aspira enseñarle a aprender autónomamente durante toda su vida.

Las universidades no pueden seguir siendo el fin de todo bachiller, deben ser una plataforma para el desarrollo de sus potencialidades en un mundo comprendido de manera abierta y responsable. Esto es imposible lograrlo mientras la estrella sea el profesor, mientras no se asuma el aula de clase como un espacio de interacción en el cual se estimule el potencial del estudiantado en lugar de frustrarle. Los estudiantes de Cálculo que deben cursar esa asignatura hasta 3 veces para aprobarla, terminan aborreciendo las posibilidades que el conocimiento derivado de esa materia podría ofrecerles, lugar de haber estimulado en él su capacidad para innovar, para pensar críticamente, para manejar nuevas tecnologías en su beneficio o trabajar en equipo.

Si usted es profesor universitario y desea que los protagonistas sean sus estudiantes, que estos se entusiasmen con los contenidos de sus clases, déjeles a ellos toda la luz. El mundo cambió y con él debemos cambiar todos, ajustarnos, aprovechar lo nuevo y salvaguardar aquello que la tradición nos lega como valioso, porque nos permite mantener nuestra identidad. El imperio romano cayó, pero el Derecho romano es básico aún hoy. No sea usted ese profesor que produce alergias en el estudiantado, conviértase en el puente que les permite cruzar del ayer al mañana, potenciando sus habilidades y talentos personales. Yo ando en ese viaje y, créame, aprenderá de nuevo aquello que creyó ya saber.

La profesora Ziegler encontró en la tecnología una vía expedita para compartir con audiencias más amplias lo que más ama, el arte. En Teachlr fuimos extremadamente afortunados por ser la plataforma en haber publicado su primer curso online, Apreciar el Arte y su Historia.

 

 

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